Estudio de Símbolos del Cristianismo (El Pavo Real)

Durante los días en que según la tradición Cristo resucita (los días de pascua), hay un animal que cambia el color de su plumaje, alcanza su cenit de belleza, nos muestra todo su esplendor. Este es el pavo real.
Ya desde antiguo considerado símbolo de renacimiento, de esplendor nacido de la nada.

La misma Biblia en el libro de Job 29,18-19 al hablar de la inmortalidad y de la vida eterna, alude al ave Fénix:
“Pensaba: ‘Moriré en mi nido, prolongaré mis días como el Fénix, con mis raíces a la vera del agua’”
, como muestra la comparación de las raíces junto al agua, de manera que no se marchiten sus hojas, como dice el Salmo 1,3.

En la antigüedad el pavo real representaba este ave Fénix, que renacía de sus cenizas, un mito de origen oriental que asumió no sólo el cristianismo, como lo explica el Papa San Clemente, tercer sucesor de San Pedro, en su Epístola a los Corintios:

XXIV. Entendamos, pues, amados, en qué forma el Señor nos muestra continuamente la resurrección que vendrá después; de la cual hizo al Señor Jesucristo las primicias, cuando le levantó de los muertos. Consideremos, amados, la resurrección que tendrá lugar a su debido tiempo. El día y la noche nos muestran la resurrección. La noche se queda dormida, y se levanta el día; el día parte, y viene la noche. Consideremos los frutos, cómo y de qué manera tiene lugar la siembra. El sembrador sale y echa sobre la tierra cada una de las semillas, y éstas caen en la tierra seca y desnuda y se descomponen; pero entonces el Señor en su providencia hace brotar de sus restos nuevas plantas, que se multiplican y dan fruto.

XXV. Consideremos la maravillosa señal que se ve en las regiones del oriente, esto es, en las partes de Arabia. Hay un ave, llamada fénix. Esta es la única de su especie, vive quinientos años; y cuando ha alcanzado la hora de su disolución y ha de morir, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo, y muere. Pero cuando la carne se descompone, es engendrada cierta larva, que se nutre de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. Entonces, cuando ha crecido bastante, esta larva toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva desde el país de Arabia al de Egipto, a un lugar llamado la Ciudad del Sol; y en pleno día, y a la vista de todos, volando hasta el altardel Sol, los deposita allí; y una vez hecho esto, emprende el regreso. Entonces los sacerdotes examinan los registros de los tiempos, y encuentran que ha venido cuando se han cumplido los quinientos años.

De este modo podemos deducir fácilmente por qué desde los inicios se representa a Cristo muerto y resucitado con esta ave. Ademas en el arte paleocristiano (arte cristiano antiguo), representa la vida eterna y la inmortalidad del alma, y la nueva vida que obtenemos en el bautismo, porque se pensaba que la carne de esta ave no se corrompía

El emperador Constantino el Grande soñó la víspera de la batalla del Puente Milvio (28-10-312) contra Majencio con este símbolo junto con la frase In hoc signo vinces (“Con este signo vencerás”; al día siguiente lo colocó en los estandartes de su ejército y ganó la batalla, con lo cual se convirtió en emperador. Después el emperador publicó el Edicto de Milán (313), que autorizaba la práctica pública de la religión cristiana en el Imperio romano.

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