Archive for category Talleres

Las flores de Tou Nang

Cuenta la leyenda que en un lejano reino oriental, vivía una dulce campesina llamada Li Angh, que a pesar de su pobreza, era admirada por todos debido a su sublime belleza y a su encanto natural. Sus suaves cabellos dorados reflejaban cada amanecer alegrando la vida de los que la rodeaban con su siempre reluciente sonrisa, sus sencillas pero agradables palabras facilitaban cualquier conversación, amenizaban todo momento de aquellos que junto a ella pasaban las horas.

Li Angh además poseía una sensibilidad especial por las cosas hermosas, aquellas que inspiraban su alma. La hacían sentir bien, decía con asiduidad.
Su mayor amor eran las flores. Alegraba su cara verlas en esplendor cuando la fría brisa agitaba sus pétalos, y su aroma llegaba hasta su olfato.
Iluminaba su rostro escuchar el crepitar de las gotas de lluvia golpear contra ellas, decía que eran las risas de alegría de las flores.

Pero llegó un día, cuando Li Angh tenía trece años de edad, en que llegó una terrible sequía que asoló las tierras e inutilizó los pozos. El hambre apareció entre los animales primero, y después entre la gente. Las flores desaparecieron pronto y la belleza del reino se vio menguada a un uniforme tono marrón de desesperación reflejada.

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Máscaras

Como bien dijo Lilith la última vez que la vi, una máscara puede esconder muchas cosas, entre ellas una personalidad totalmente distinta que aquella que cubre. Esto significa a ojos del que mira que la máscara transmite su naturaleza, cambia la percepción del testigo, altera la realidad de su entorno.

Para el que la lleva, una máscara es más que eso, posibilita cambiar la personalidad, ser otro u otra, mostrar rasgos escondidos, o simplemente volver a empezar (algo muy importante para muchos). Pero siempre le preguntaba lo mismo… ¿realmente un objeto puede atesorar tanto poder?

Con su malévola sonrisa, la anciana me miraba de esa manera que conseguía helar la sangre, me paralizaba escuchar sus susurros en confidencia al decirme que todos en realidad llevamos una máscara, y así es mejor, pues las verdaderas naturalezas deben quedar escondidas tras ellas. Es preferible no saber la verdad, me dijo.

Estaba extraña, diferente a su habitual manera de moverse y actuar, pero su esencia sí era reconocible. Es por ello que aún me pregunto si la última vez que la vi, justo antes de desaparecer por el acantilado de Yueh, ¿llevaba otra máscara… o tal vez se la quitó…?

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Llamando a la lluvia

En el lejano reino de Thind el agua es un bien muy escaso. Llueve sólo una vez al año, y lo hace de una manera realmente espectacular. Es en esta fecha cuando todos los habitantes del reino se reúnen bajo el cielo para invocar a las nubes.

Para ello todos realizan un curioso instrumento al que llaman “palo de lluvia”. Con él imitan el sonido de la lluvia y conjuntamente realizan tal tromba de agua auditiva que las nubes no tardan en aparecer.

Sería genial poder hacer lo mismo. ¿No creéis?

El palo de lluvia es un instrumento musical de percusión utilizado para crear efectos ambiente, su sonido se asemeja a la lluvia.

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Pulseras trenzadas de Jakurutu

Cuenta la leyenda que en el lejano reino de Tepak, mucho tiempo ya olvidado por la historia, existió un poderoso hechicero al que llamaban Jakurutu, que significaba en su lengua, Rey de los Elementos.
Este hechicero logró mediante unos objetos que sólo él lograba hacer, una serie de extraños poderes. Cada tipo de objeto abrigaba en su interior unas cualidades únicas, que conferían a su portador capacidades que, según la cultura del reino, le obligaban a proteger a sus hermanos.

Estos objetos eran al parecer pulseras, cada una hecha de un modo particular. Hoy, milenios después, encontramos una serie de glifos perdidos que al fin nos describen cómo fabricar las pulseras de Jakurutu.

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Arcoiris en la arena de Pix

Según el diario de Bill Akroom, cuando naufragó y llegó a la isla de Pix sus ojos no podían creer lo que contemplaban. Un arcoiris de vivos colores surcaba toda la playa, una arena virgen que con sus multifacetadas tonalidades convertían la vida en alegría y henchían el corazón y el alma.

Durante cada uno de los 95 días que permaneció en la isla recogió en uno de los recipientes que encontró venidos como él, del naufragio del Calliope, un color de la isla, y sin embargo no logró que el recipiente tuviera suficiente capacidad para lograr abarcar todos los tonos que la maravillosa costa le ofrecía.

Tras su rescate y vuelta a casa, cada vez que Bill se encontraba triste miraba el recipiente que trajo de la isla de Pix y sus vivos colores le devolvían la alegría, le recordaban sus días más felices.

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