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Tazón de madera

El viejo se fue a vivir con su hijo, su nuera y su nieto de cuatro años. Se mudó de casa. Estaba solo y deseaba compartir en sus ultimos días. Los años no pasaron en balde y ya las manos le temblaban. La vista era torpe y los pasos no eran tan fuertes como hace unos años.

Toda la familia comía junta en la mesa. Pero las manos temblorosas y la vista enferma del abuelito hacían que el alimentarse fuera un asunto difícil. Los guisantes caían de su cuchara al suelo y cuando intentaba tomar el vaso, no era dificil que se derramara la leche sobre el mantel.

El hijo y su esposa se cansaron de la situacion:
- “Tenemos que hacer algo con el abuelo” -, dijo el hijo, – “Ya he tenido suficiente y estoy muy harto de esta situación. Derrama la leche, hace ruido al comer y tira la comida al suelo”.

Así fue como el matrimonio decidió poner una pequeña mesa en una esquina del comedor, pasaban los días y el abuelo comía solo mientras el resto de la familia disfrutaba la hora de comer. Como ya había roto varios platos, su comida era servida en un tazon de madera. De vez en cuando miraban hacia donde estaba el abuelo y podían ver una lágrima en sus ojos mientras estaba ahi sentado solo. Sin embargo, las únicas palabras que la pareja le dirigía, eran frios llamados de atención cada vez que dejaba caer el tenedor o la comida.

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Sedación y silencio

“Doctor, haga todo lo posible para que no sufra”. Detrás de esta petición de los familiares y amigos, aparentemente bien intencionada, puede esconderse el miedo a afrontar la relación consciente con el enfermo en su última fase de vida. Son momentos que vivimos con ansiosa dificultad, y de los cuales huimos o nos protegemos, debido al miedo, y a que no hemos sido educados para expresar los sentimientos y las emociones.

Por una parte, queremos proteger al enfermo del dolor y del sufrimiento, pero por otra, también queremos protegernos nosotros evitándonos la dificultad de mirar de frente una situación que parece desbordarnos. Con tal protección, podemos crear un vacio de relación en la etapa final de la vida. La sedación no tiene por qué dormir al enfermo. La sedación más cuidadosa tiene en cuenta todos los aspectos de la persona y evita la inconsciencia del paciente si no es imprescindible. Por el contrario, la sedación menos profesional deja al paciente dormido y se despreocupa de sus necesidades espirituales y materiales.

Otro factor de aislamiento del enfermo puede venir por la denominada “complicidad de silencio” que adoptamos los familiares y el propio enfermo para protegernos mutuamente de una relación difícil. No compartimos lo que todos sabemos, lo silenciamos y llenamos las conversaciones de otros temas, muchos temas, para que no aflore el tema fundamental. Esto hace que no actuemos con naturalidad y al final nos quedamos mal porque no hemos hecho una buena despedida.

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Como amar al adulto mayor

DÉJALO HABLAR

….. porque hay en su pasado un tesoro lleno de verdad, de belleza y de bien.

DÉJALO VENCER

….. en las discusiones, porque tiene necesidad de sentirse seguro de sí mismo.

DÉJALO IR A VISITAR

…. a sus viejos amigos porque entre ellos se siente revivir.

DÉJALO CONTAR

…. sus historias repetidas, porque se siente feliz cuando lo escuchamos.

DÉJALO VIVIR

…. entre las cosas que ha amado, porque sufre al sentir que le arrancamos pedazos de su vida.

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La silla

La hija de un hombre le pidió al sacerdote que fuera a su casa a hacer una oración para su padre que estaba muy enfermo.

Cuando el sacerdote llegó a la habitación, encontró a este pobre hombre en su cama con la cabeza alzada por un par de almohadas.

Había una silla al lado de su cama, por lo que el sacerdote pensó que el hombre sabía que vendría a verlo.

- ¿Supongo que me estaba esperando?- le dijo.

- No, ¿quién es usted?- dijo el hombre enfermo.

- Soy el sacerdote que su hija llamó para que orase con usted; cuando entré y note la silla vacía al lado de su cama supuse que usted sabía que yo vendría a visitarlo.

- Ah sí, la Silla. Le importa cerrar la puerta? – dijo el hombre enfermo.

El sacerdote sorprendido cerró la puerta.

El hombre enfermo le dijo:

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Estoy para ti

Se que te portas como si fueras un niño,
me fascina que me llames señora de la sonrisa bonita
porque a veces ni siquiera recuerdas mi nombre.

Me duele ver como te lastima el necesitar ayuda
para caminar o para comer se que te sientes tan mal,
he visto tus ojos suplicando por atención,
por amor no por ayuda.

He visto como se va acabando tu fuerza, tu voz,
tus ojos ya no miran igual, lo único que no ha cambiado
es el amor que sientes por mi, ese lo siento aun mas fuerte.

Te veo sufrir y se que añoras el tiempo en que tu
me llevabas de la mano, en que tu me cargabas,
el tiempo que salías a jugar tras de mi.

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